Cinco ex seminaristas que denunciaron abusos llegan acuerdo con Obispado de Valparaíso: Recibirán $200 millones

Con un acuerdo reparatorio, consistente en el pago de $200 millones, concluyó la judicialización de una denuncia que cinco ex seminaristas realizaron en contra del Obispado de Valparaíso, por no responder a casos de abuso sexual, violación y abuso de conciencia.

Luego de dos años de tramitación en la Corte de Apelaciones de Valparaíso, el grupo de denunciantes decidió desistir con la causa en la cual exigían el pago de una indemnización por $1.250 millones, sellando en audiencia de conciliación este acuerdo que fue firmado por los abogados de ambas partes.

En concreto, los demandantes Mauricio Pulgar, Sebastián del Río, Marcelo Soto, Gustavo Donoso y Marcelo Rodríguez apuntaron en su demanda del año 2020 a los sacerdotes Jaime Da Fonseca y Humberto Henríquez por los delitos de abuso sexual y violación; y Gonzalo Duarte, Mauro Ojeda y Javier Prado como presuntos encubridores de dichos actos que habrían tenido lugar entre 1992 y 2007 en el Seminario Mayor San Rafael de Lo Vásquez.

Óscar Silva, abogado que representa al Obispado de Valparaíso, expuso que el acuerdo conseguido consiste en una declaración que formula el Obispado, en orden de “acoger a los demandantes, reconocer su dolor y pedir perdón, no tanto por una especie de responsabilidad institucional –que es lo que se perseguía en el juicio– sino que principalmente porque hay hechos que aparecen señalados en la demanda que nunca estuvieron en discusión y que provocaron un dolor considerable a los demandantes”

Respecto a la declaración del Obispado de Valparaíso, ésta indica que “sin perjuicio del pago ofrecido y aceptado, declara su plena adhesión a la condena universal manifestada por su Santidad respecto a los abusos”. Junto a ello, manifestaron que la Iglesia porteña pidió “al demandante y compareciente, humilde y sinceramente, perdón por todo el dolor y afectación sufridos por él”. 

El ex seminarista Mauricio Pulgar, explicó a Radio Biobío que el acuerdo consiste “en un reconocimiento de parte de la Iglesia de los abusos sexuales y los daños que hemos sufrido nosotros como víctimas. Tomamos el acuerdo por un tema de desgaste físico y mental. La Iglesia no asume ni entiende bien las secuelas del estrés postraumático ni es clara en reconocer que nosotros vivimos abuso sexual, torturas, manipulación de conciencia y agresiones físicas.

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