Carlos III, nuevo Rey de Inglaterra: Del escándalo a la estabilidad

esde que naciera el 14 de noviembre de 1948, ostentando ya el título de príncipe de Gales, se convirtió en una de las personas más fotografiadas del mundo. Destinado desde su cuna del palacio de Buckingham a ser rey, ha tenido que superar, sin embargo, numerosos obstáculos a lo largo de su vida para recuperar la credibilidad, al igual que algunos de sus hermanos, como la princesa Ana o el príncipe Andrés, quienes por sus escándalos sentimentales (o en el caso de este último, susceptibles de ser incluso delictivos).

Aun así, si hubiera que adjetivar al nuevo rey, que llegará al trono para ocupar el enorme lugar dejado por Isabel II tras el fallecimiento de la monarca británica; pocas veces cuestionada y con un sentido del deber demostrado desde su llegada al trono el 2 de junio de 1953, tras la prematura muerte de su padre, el rey Jorge VI, víctima de un cáncer, el 6 de febrero de 1952. Convertida en la reina más longeva en el trono, tuvo que lidiar no solo con el devenir de los tiempos sino con los quebraderos de cabeza que le dieron sus hijos, y en esto fue el príncipe Carlos el que más tensó la cuerda, sobre todo si tenemos en cuenta la función que estaba destinado a desempeñar.

El príncipe Carlos, recién nacido, en Buckingham

El príncipe Carlos es el protagonista de una de las historias de amor con final infeliz que más se han glosado en la historia contemporánea y que siguen marcadas a fuego en el imaginario colectivo. Para ello han contribuido diversas, películas, telefilmes, biografías autorizadas o no y hasta musicales de Broadway. Fue su boda con Lady Diana Spencer el epítome del romanticismo y nada hacía presagiar que tendría un final tan desafortunado en el que no se cumplió la máxima de que los trapos sucios se lavan en casa.

La siempre acechante prensa sensacionalista inglesa ya se encargó de que trascendieran mensajes nada edificantes y propios de un futuro rey en los que el príncipe de Carlos le decía a su amante, Camila Parker Bowles, que quería ser su Tampax. Una frase que no requiere que glosemos más, pero que tampoco palidece ante la pronunciada por Diana de Gales en la ahora tan denostada entrevista en el programa ‘Panorama’ de BBC, en la que manifestó que “éramos tres en un mi matrimonio, una multitud”.

El príncipe Carlos y Diana de Gales.

Hace ya casi 27 años de esta entrevista -se cumplirán este noviembre- que forzó el divorcio entre el príncipe de Gales y la denominada princesa del pueblo, que fue vista con ávido interés por una estratosférica audiencia de 23 millones de espectadores. Su ruptura se convirtió en un problema para la familia real inglesa, especialmente cuando trascendió su relación con Dodi Al-Fayed, hijo del controvertido empresario Mohamed Al-Fayed, en aquel entonces propietario de los populares almacenes Harrod’s. Su repentina muerte en París el 31 de agosto de 1997 puso en la diana a la propia reina Isabel II, que se vio forzada a dar un discurso público ensalzando las virtudes de la que había sido su nuera, y al mismo Carlos, que, en cualquier caso, veía allanado el camino para poder llevar su relación con Camila Parker Bowles con total libertad.

Aun así, había muchos escollos que superar, pues la opinión pública estaba del lado de Diana de Gales, a quien se percibía como víctima, y de hecho a día de hoy sigue habiendo teorías conspiratorias sobre su muerte. La imagen de sus hijos, los príncipes Guillermo y Harry, acompañando el féretro de su madre quedaron muy grabadas en la opinión pública, y Camila Parker Bowles, madre a su vez de dos hijos, Laura y Tom, de su matrimonio con Andrew Parker Bowles, era percibida como la mala de la película.

El príncipe Carlos y Camila, el día de su boda.

Había un enorme trabajo de asesoría que realizar para rehabilitar su imagen pública y esa historia de amor que echaba sus raíces en su juventud y que de manera un tanto romantizada han seguido los espectadores de la serie ‘The Crown’ en Netflix. La pareja logró sobrevivir a la alargada sombra de Diana de Gales y finalmente se casaron por la iglesia el 9 de abril de 2005 en Windsor, con la aquiescencia y favor de la reina Isabel y su marido, el difunto duque de Edimburgo. El siguiente paso era demostrar que como pareja estaban a la altura del rol que se divisaba en el horizonte. Y bien decimos ‘en el horizonte’, habida cuenta de la longevidad de la reina Isabel II y también de la madre de esta, que falleció a los 102 años en 2002.

De hecho, la avanzada edad de la reina Isabel, en pie hasta el final y con pocas hospitalizaciones conocidas, pese a su avanzada edad, hizo que surgiera el debate de si el príncipe Carlos, superada la barrera de los 70, no debería abdicar en su hijo, el príncipe Guillermo, quien ha formado un tándem inmaculado con Kate Middleton, con una enorme presencia institucional, reforzada más si cabe con la ‘deserción’ del príncipe Harry y su mujer, la actriz estadounidense Meghan Markle, con quien está instalado en California, convertido en una ‘celebrity’.

El príncipe Carlos llega al trono con una imagen casi impoluta, al igual que su mujer, quien nunca ostentó el título de princesa de Gales, y con un trabajo impecable a través de las casi 20 organizaciones benéficas de las que es presidente. Amante de la agricultura orgánica y de la naturaleza, ha alcanzado la estabilidad que no tuvo en su juventud junto a una mujer que lo tenía todo en contra, pero ha conseguido poner sobre la mesa todas las cualidades que la han convertido en la candidata idónea para ser la mujer del rey.

Ahora es el príncipe Guillermo el primero en la línea sucesoria y, al contrario que su padre, su vida ha sido mucho más apacible en términos sentimentales. No fue fácil para él superar el trauma de perder a su madre a tan temprana edad, pero más allá de esa cuestión, encontró muy pronto el amor en Kate Middleton, aunque la suya fue una relación de ida y vuelta, y han formado una bonita familia que es muy aplaudida por los ingleses, donde el movimiento republicano es algo meramente testimonial. La monarquía sigue siendo una institución muy bien valorada y Carlos de Inglaterra la recibe en todo su esplendor. Su madre, Isabel II, que supo lidiar con presidentes de todas las ideologías y salir indemne, fue todo un ejemplo a seguir.

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